La Ley, el Orden y la Televisión.

No cabe duda de que el cine refleja los rasgos que definen la sociedad en la que son creados, tanto a nivel político, cultural, como económico. Así mismo, en una multiplicidad de ocasiones se puede observar en este producto cultural los elementos que componen los diversos códigos normativos que rigen la vida de las personas para la vida en sociedad.

El ser humano es social por naturaleza (Aristóteles) y sin ella no es posible ni su existencia ni su desarrollo pleno, pero de esta convivencia nacen todo género de relaciones y deberes para con otros ciudadanos, cuyo cumplimiento no siempre se consigue, resultando la sanción moral un correctivo a todas luces insuficiente para favorecer el interés social y la conveniecia pública. Por ello, las normas convierten en delitos el incumplimiento de ciertos deberes, a los que aplican las penas oportunas a través del ejercicio del Ius punendi del Estado, esto es, su facultad sancionadora.

Mucho se ha hablado, al menos en ámbitos académicos, de cierto género cinéfilo denominado “cine jurídico“, querecoge aspectos de la interacción de estos sistemas normativos, de los problemas de aplicación o del posible desescuentro entre moral y derecho; en palabras de Benjamín RIvaya -antiguo y admirado profesor de la que escribe, y actualmente Decano de la Facultad de Derecho de la cuadringentésima Universidad de Oviedo-, podríamos definir este género como aquel que refleja la vida del Derecho, su dinámica, o en que plantee interrogantes que posibiliten la reflexión jurídica

Una muestra de la importancia que este tipo de películas, de su potencial para fomentar la discusión y el análisis, así como su carácter de fuente de conocimento de estrategias y técnicas forenses, es el concurso que organizó el Consejo General de la Abogacía, para elegir las diez películas jurídicas favoritas, de la cual salió vencedora el gran clasico Doce hombres sin piedad, que ha alcanzado unas asombrosas tasas de participación.

Pero también la pariente pequeña del cine, la televisión, tiene esa capacidad, y de hecho, a lo largo de su historia, uno de los argumentos más usados para las tramas de sus series es precisamente el mundo de la ley desde diferentes ámbitos, el orden, la ley, o “el fuera de la ley”. De lo anterior tenemos múltiples ejemplos, tales como Ley y Orden, Colombo, The Closer, Turno de Oficio, o Dexter, entre otras.

En la temporada televisiva que acaba ahora, se ha emitido una serie estadounidense, The Following, que nos presenta una secta cuyo líder es un asesino en serie; en la que se reflexiona acerca de la capacidad de liderazgo de personas amorales -sociópatas, psicópatas, etc- o con una moralidad diferente a la mayoritaria, sobre la atracción del mal, como sensación de libertad, o el cumplimiento de las normas, no como lo adecuado en todas las ocasiones, en un sentido moral o de Justicia, pero como cumplimiento de las garantías y principio esenciales de los que la sociedad se ha dotado para hacer posible la convivencia.

Por otra parte, The Following favorece el debate y la reflexión tanto sobre la naturaleza del delito, como sobre el crimen en concreto y los rasgos criminales como factor de pseudo socialización en el seno de la secta.  Los miembros de ésta consolidan su pertenencia mediante la comisión de delitos tan dispares como el asesinato o el homicidio, el secuestro, la asociación ilícita, o las lesiones, para ganarse así el favor del líder.

El Dr. Joe Carrol, antiguo profesor de literaturra inglesa que asesinó a catorce estudiantes, es el líder de semejante y atípico grupo en el que se repite el perfil de las sectas, que son grupo con una estructura muy jerarquizada, en el que se exige una sumisión, y obediencia, absoluta al líder, lo que unido a la fascinación que despierta en sus adeptos y los poemas de Edgar Allan Poe consigue no sólo reclutar un buen número de adeptos, sino conseguir que éstos cometan todos aquellos crímenes a los que Carrol les induce. Siempre seduciendo su lado más obscuro.

Sin embargo, hemos de precisar, sin desvelar toda la trama, que el héroe -más bien, antihéroe- Ryan Hardy, interpretado por un siempre fantástico Kevin Bacon, representará los dilemas morales que conlleva el servicio al amparo de ley.

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2 pensamientos en “La Ley, el Orden y la Televisión.

  1. guerrerojuridico

    Muy buena entrada. El “cine jurídico” ha demostrado ser una fórmula infalible de éxito para la mayoría de realizadores tanto televisivos como cinematográficos, pues sus contenidos siempre están relacionados con los conflictos más complejos de la naturaleza humana. Y cuando estos temas son tratados acertadamente, pueden ser un instrumento muy eficaz para fomentar cultura jurídica; pero cuando no, crea estereotipos equívocos que banalizan la tarea del abogado en la sociedad, la ley y los sistemas judiciales.

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    1. alonsodelatorrevazquez

      Sin duda tienes razón al advertir que el cine, o en su caso, la televisión, pueden crear estereotipos equívocos que a larga pueden incluso generar frustración entre quienes requieren de la justicia para solventar sus controversias pero no ven realizadas sus expectativas, según la idea preconcebida que se les ha transmitido. Es un buen instrumento, pero que hay que enseñar a usarlo para que dé lugar a debates y análisis fructíferos.

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